¿Qué es la Gestión Emocional?

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Cualquier persona puede enfadarse, eso es fácil. Pero enfadarse con la persona correcta, en el grado exacto, en el momento oportuno, por la razón justa y de la manera adecuada, eso ya no es tan fácil

Aristóteles

Subirse al metro y percibir el enojo de muchas personas… Sentir el orgullo al ver los logros que obtienen tus hijos o tus seres queridos… Ir a algún lugar donde hay mucha gente, algunos sin mascarilla y sentir el temor al contagio de Covid… Percibir la generosidad de las personas en las múltiples situaciones de ayuda que se ven en estos tiempos de pandemia… Sin duda todas estas situaciones nos provocan más de alguna emoción. 

Por estos días, donde muchos de nosotros nos hemos vistos obligados a quedarnos en casa por mucho tiempo, han aparecido muchas charlas y mucha información respecto a la gestión emocional. Yo también quiero compartir lo que he ido descubriendo respecto a la gestión emocional.

¿Por qué es importante la Gestión Emocional?

Parece relevante comenzar con la pregunta de si vale la pena ocuparse de este tema. Por todos lados escuchamos respecto a la importancia de la gestión emocional, pero en lo concreto es muy poca la educación emocional que recibimos, como si fuera un tema etéreo, difícil o incontrolable.

Tener alguna posibilidad de regular, modular o modificar nuestras emociones parece ser -mas aún por estos días- una herramienta que nos cuesta encontrar. Las emociones determinan nuestro existir, determinan nuestra calidad de vida y nos constituyen como ser que somos, sin embargo, muchas veces ni siquiera logramos identificar qué estamos sintiendo o qué lo provocó.

Las emociones generan la energía vital que hacen posible ciertas acciones. Por ejemplo, nos permitirán protegernos (miedo), celebrar (alegría), cuidar a otros (ternura), etc. Si no tenemos la emoción adecuada, nuestra inconsistencia entre la emoción y la situación que estamos viviendo irá generando incongruencias que posteriormente se somatizan y afectan nuestra salud física.

Por ejemplo, si te sientes molesto en su trabajo (la molestia es una rabia en baja intensidad) probablemente comenzarás a encontrar que todo se hace mal, que las personas son de una manera que no deberían, etc. Al largo plazo se convertirá una tortura el simple hecho de asistir.

Otro ejemplo es cuando el miedo es una de las emociones que mas visitas. Sin darte cuenta ese leve temor te podría provocar una ansiedad que puede terminar en una crisis de pánico.

La tristeza permanente puede terminar en una depresión…

Con todo lo anterior, parece que al menos vale la pena mirar de qué se trata eso de las emociones.

Efectividad del emocionar

Las emociones tienen al menos tres ámbitos con los cuales afectan nuestro existir: 

  1. Disposición a la acción: cada emoción sirve para una acción determinada. Son ellas las que permitirán que hagamos ciertas cosas y que otras se nos hagan imposibles. Por ejemplo, difícilmente podremos dormir si sentimos miedo. Acá te coloco brevemente para que sirven:
    1. Miedo: acción de protección
    2. Alegría: acción de celebración, relajo
    3. Ternura: capacidad de cuidar a otros
    4. Tristeza: duelos, vulnerabilidad, limpieza.
    5. Erotismo: capacidad de seducir
    6. Rabia: capacidad de conseguir objetivos
  1. Condiciona el comportamiento: La emocionalidad que vivimos en algún evento de nuestras vidas queda grabada en nuestra memoria. Así por ejemplo, si tuvimos una mala experiencia con algún viejo amor, probablemente sentiremos temores en las experiencias siguientes condicionando nuestro actuar. Así también, si vivimos una experiencia traumática, por ejemplo un terremoto, esta emocionalidad condicionará nuestro actuar frente a los temblores

3. Regulación social: Una de las cosas que tienen las emociones, es que cuesta muchísimo ocultarlas. Se puede disimular lo que pensamos, pero no podemos disimular lo que sentimos. El lenguaje corporal delata de una u otra manera lo que nos pasa. Seguramente mas de alguna vez te has visto diciendo: “Esta persona no me gusta, tiene algo que no sé…”

  1. Regulación social: Una de las cosas que tienen las emociones, es que cuesta muchísimo ocultarlas. Se puede disimular lo que pensamos, pero no podemos disimular lo que sentimos. El lenguaje corporal delata de una u otra manera lo que nos pasa. Seguramente mas de alguna vez te has visto diciendo: “Esta persona no me gusta, tiene algo que no sé…”

¿Qué es la gestión emocional?

Finalmente, la gestión emocional es nuestra capacidad de regular, modular o modificar nuestras emociones a conciencia.

¿Podemos intervenir en nuestro emocionar?

Efectivamente, sí podemos intervenir en nuestro emocionar. Uno de los métodos mas efectivos para ello es el Método Alba Emoting, el cual modifica la emocionalidad a través de la respiración (lo dejaré para otro post).

La gestión emocional la podemos dividir en 3 etapas (Conciencia emocional, Autodominio emocional y liderar nuestro emocionar):

  1. Conciencia emocional: Una de las características de la emoción es que se dispara de forma  automática, y no podemos evitar estar envueltos en ella. Una buena manera de generar conciencia es hacernos varias preguntas:
    1. ¿Qué siento? Es muy necesario identificar qué siento y cómo lo siento. El cuerpo me habla y la respiración me da indicaciones, por tanto es muy importante lograr identificar qué dice y donde me lo dice.
    2. Interpretación de la emoción: ¿qué lo gatilló? ¿Por que siento esto? ¿qué me está mostrando esta emoción?
    3. Evaluar funcionalidad: ¿me sirve ahora? ¿me es útil? En este punto es donde tenemos que tomar una decisión de que haremos con lo que nos está pasando. ¿mantendremos la situación actual de la emoción o intentaremos intervenir?
    4. Responsabilidad emocional: soy yo el que me emociono y no es “tu me haces enojar”. El acto de hacernos responsables de nuestro emocionar, hace la diferencia y es el punto de partida de todo cambio que podamos generar. En vez de “tu me haces enojar” es mas bien “cuando sucede a, siento b”.
  2. Autodominio Emocional: El autodominio emocional es la capacidad de salir o entrar, modular y regular las emociones. Es la pericia que tenemos para realizar una elección consciente de nuestro emocionar, en función de responder en forma eficaz y apropiada a las situaciones que se nos presentan. Las estrategias de intervención posibles serían salir de la emoción, regular la emoción y modular la intensidad de la emoción. el problema está en saber cómo hacerlo. Tres maneras podrían ser:
    1. Respiración consciente: Es la capacidad de adoptar una respiración relajada que te pueda ayudar a modular la intensidad de la emoción. En el método Alba Emoting esto sería el step-out. Esta metodología de respiración consciente tiene la característica que una metodología que depende netamente de nuestra corporalidad (independiente de las ideas o juicios que tengas).
    2. Cambio de interpretación: ¿estoy seguro de esto?¿quién lo dice? ¿lo puede decir? ¿tiene autoridad para decirlo? ¿qué valoración le doy yo? Con estas preguntas intentamos validar o no el juicio interpretativo que está detrás de la emoción.
    3. Distanciamiento emocional:
      1. Disociación: “Subir al balcón”,  “esto no es personal”. El objetivo es mirar la situación como si fueras una cámara, viendo desde afuera e imaginando que no participas en la situación.
      2. Autodistanciamiento: Una manera similar es la capacidad de alejarse de la situación, pero estando consciente de que eres parte de la escena.
  3. Liderar nuestro emocionar: Finalmente, una vez que podemos dominar la regulación emocional, podremos diseñar estados emocionales que queremos para nuestro entorno, con el objeto que posibilitemos la realización de las acciones que debemos realizar. Por ejemplo, si queremos hacer un trabajo en equipo, queremos revisar un documento, queremos hacer dormir a un bebé o queremos generar confianza, necesitaremos emociones especificas.